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domingo, 22 de junio de 2014

CARTAS A JESUS DE NAZARET



Carta 32 a Jesús de Nazaret. 
Santos Pedro y Pablo. 29 –junio- 2014.
Evangelio. Mateo: 16, 13-19
 

S

eñor.: Me extraña la pregunta que, al llegar a Cesárea de Filipo hiciste a tus discípulos. Da la impresión de que te importaba el “qué dirán” de la gente. Cosa que no creo. 

O que, en aquellos tiempos de tu estancia en la tierra, existiesen encuestas políticas, o simples sondeos populares. Cosa que, tampoco me consta por el conocimiento de la Historia.

No fue por ignorancia, ni por simple curiosidad.

¿Por qué hiciste la pregunta?

Tú, hombre excepcionalmente inteligente, lo tenías que saber. No vivías aislado; sino todo lo contrario. Veías la reacción de la gente ante tus milagros y oías, al terminar tus discursos, los comentarios de la gente sencilla y la de los maestros.

Aventuro mi respuesta: No te interesaba la respuesta de la multitud, que suele estar contaminada, y que por impersonal, no compromete. ¿Es así?

Hoy, ¿la harías? Creo que lo que verdaderamente te interesa es el diálogo personal que pone a la persona preguntada ante ti, desde la verdad y la empatía.
                       
La respuesta de Pedro sí la diste por buena. Tú eras el enviado por el Padre para instaurar  el Reino de Dios en la Tierra. Dabas así origen al nuevo pueblo de Dios. Pedro, judío,  iba a substituirte como vicario y primera cabeza de ese nuevo pueblo.                 

A la confesión de Mesías, añadió el reconocimiento  de ti como Hijo de Dios vivo.

 Señales más que evidentes de que Pedro era el indicado por el Padre para ser el Gran Puente de la Nueva Realidad. La Piedra para construir tu Iglesia, y Garantía firme de no ceder ante los embates del Maligno.

Acertaste, como no podía ser de otra forma.
Desde entonces, no dejan de golpearla fuertes ataques de diversas fuerzas.

Y lo nombraste árbitro, en tu nombre, entre el Cielo y la Tierra. A todos tus seguidores, aunque no vayamos a tener tanta responsabilidad, nos eliges para hacerte presente en nuestro mundo y en tu Iglesia.

Por eso, nos preguntas: ¿quién soy yo, para ti?

A tu pregunta, debe seguir una respuesta similar a la de Pedro. Te manifiesto la mía:

Tú, eres el Hijo de Dios, persona que vives y  para la que yo quiero vivir unido en el amor.


Con afecto y adoración. Bartolomé Menor

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