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sábado, 8 de marzo de 2014

HOMILIA CON MOTIVO DE LA CELEBRACION DEL MIERCOLES DE CENIZA CON LAS COFRADIAS



MIÉRCOLES DE CENIZA
CELEBRACIÓN CON  LA AGRUPACIÓN ARCIPRESTAL DE COFRADÍAS Y HERMANDADES DEL ARCIPRESTAZGO DE BAEZA

Queridos hermanos,
Con el mismo deseo que Cristo tenía de celebrar la Pascua con sus discípulos así vosotros en comenzar la Cuaresma.

Desde el mismo día de la presentación del Cartel de Semana Santa en el teatro Montemar, con el olor a incienso, la penumbra de la luz de cera y los sones de las marchas de Semana Santa, nos quedamos impregnados de Cuaresma y de Pasión.

Hoy es miércoles de ceniza y nos reunimos al final de este día de ayuno y abstinencia, que espero y deseo que por fidelidad a Dios y a la Iglesia lo hayamos cumplido como tal. Nos reunimos en torno a la Mesa del Señor porque de aquí arranca la Cuaresma, la Semana Santa y la Pascua.

Jesús los reunió para celebrar la Eucaristía, para hablarles al corazón, para enseñarles el nuevo camino donde lo podían encontrar:
Tomad comed esto es mí Cuerpo.
Tomad bebe esta es mi Sangre.

Aquí está Cristo, aquí está Dios. No es una imagen, no es una representación, es el mismo Jesús que nació en Belén de las entrañas de María que habéis celebrado hace pocos días con hermosos nacimientos. El mismo que predicó por Israel, que hizo milagros, que dio su vida por nosotros en la Cruz, que Resucitó al tercer día de entre los muertos. El mismo que ascendió al cielo y nos envió por el mundo entero, el mismo que volverá a juzgar vivos y muertos.

En su nombre nos reunimos y en su nombre comenzamos estos 40 días de preparación para la Semana Santa, para que sea el mismo Jesucristo quien nos envíe esta misma noche, con la señal penitencial de la ceniza, al desierto cuaresmal.
Se abren las puertas de las prácticas cuaresmales. Las primerísimas de todas las que nos ha indicado el mismo Cristo en el Evangelio: Limosna, oración y ayuno.

Que no veamos estos días en las puertas de las Iglesias, en los soportales, en la publicidad, solo “cultos”,  que es el segundo consejo del Señor, la oración, equilibremos los actos con caridad y privaciones de aquello que es superfluo e innecesario y que además podemos compartir con los demás.

La carta del Papa Francisco para este tiempo de cuaresma nos ofrece un programa concreto de cómo podemos vivir limosna, ayuno y oración. Os recomiendo que la leáis serenos y receptivos. Le he sugerido a vuestros capellanes que no la dejen pasar de largo en la predicación de los triduos cuaresmales y la charlas de estos días.

Parte hablando de la pobreza de Cristo que siendo Dios se hizo hombre, que siendo rico se hizo pobre enseñándonos que en la debilidad es donde se muestra con toda su fuerza la gloria de Dios.

En la pobreza y sencillez de los dones que presentaremos, pan y vino, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Rey de la Gloria, alimento de salvación del Pueblo de Dios. El encuentro con Jesucristo Eucaristía nos invita a la oración, es decir, a la respuesta a la entrega de Dios con alabanza, con gloria, con súplica, con bendición.
Pero no olvidemos que junto a la Eucaristía, sacramento de los sacramentos, Jesús se arrodilla y lava los pies a los discípulos.

El Papa explica el sentido de hacerse pobre Jesús con nosotros y es amándonos, cargando con nuestros pecados, sirviéndonos, así nos enriquece. No es la limosna que se da desde lo alto, que da lo que sobra, lo superfluo.

Dice el Papa: A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas.
Y marca tres miserias actuales:

La material. Que la identifica con lo que llamamos nosotros pobreza. Han perdido sus derechos fundamentales y no tienen lo básico para vivir.
La moral. Esclavos del vicio y del pecado. Drogas, alcohol, juego, pornografía o condiciones sociales injustas o pérdida de derechos básicos como sanidad, educación.
La espiritual. Cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor.

Ante esto el Papa nos habla directamente:

La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Pero todo esto sin olvidar nuestro punto de partida y de llegada que es Jesucristo. A él lo servimos en los pobres y necesitados porque lo que hicimos con uno de estos lo hicimos con el mismo Cristo.
Así nuestra vida cristiana, cofrade, espiritual debe ser una imitación de Cristo, imitación que es llamada a la santidad “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Pidamos al Señor que fortalecidos con esta Eucaristía que celebramos, vivamos este tiempo cuaresmal como agentes de la misericordia de Dios remediando las miserias de nuestro tiempo, como  signo de autenticidad y de deseo de cumplir siempre la voluntad de Dios.
Que estas prácticas cuaresmales nos preparen a las fiestas de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

María, Madre de la Iglesia, Madre de los pobres, Reina de la Cofradías, intercede por nosotros. 

Que así sea.

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