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domingo, 30 de marzo de 2014

CARTAS A JESÚS DE NAZARET



Carta 19 a Jesús de Nazaret.          
Domingo IV de Cuaresma. 30-marzo- 2014.
Evangelio: Juan, 9, 1-38


L
eo en el escrito de hoy, que curaste a un ciego. El método que usaste es de lo más extraño. Diría que es contra producente.                                                                                  De ti, no se puede esperar una broma y, además, de mal gusto, como sería ésta.   No, no es una broma.  Entonces, ¿qué?

Como Maestro único, tu gesto hubo de estar pleno de pedagogía. O tener un sentido teológico, tan profundo, que se me escapa.

La verdad es, que no comprendo que, para sanar unos ojos ciegos, usaras tierra de la calle, y por añadidura, tierra convertida en barro con tu saliva.

En justa razón, el barro sucio de la calle, si entra en contacto con unos ojos sanos, los puede enfermar: nunca sanar.
 Si entra en unos ojos ciegos, los empeora, porque puede llevarle infección.

O ¿es que la saliva la usaste, Señor, como alegoría de la palabra, por el contacto necesario con la voz?

Cuando tu palabra que, es salud y vida, entra en contacto con nuestra realidad terrena, por muy sucia y embarrada que esté, es capaz de llevarle luz, porque tú eres la Luz.  ¿Esto es lo que me dices?

Al menos, mírame con ojos compasivos

Que tus pupilas cargadas de amor,
proyecten sobre mis ojos, limpieza de visión; y  dejen de fijarse en los acontecimientos sucios y perturbadores de la sociedad, y en los agujeros negros de la vida de los hombres y mujeres que me rodean.     
                  
Ayúdame a perdonar, como tú perdonas, y a mirar y a convertir nuestra Tierra en un lienzo de artista, ayudando a todos los que se esfuerzan en pintar sobre él, belleza, luz, armonía…

No eche a nadie de tu casa por causa de ideologías, tendencias, cultura, religión o color de su piel.

No eche a nadie de mi corazón, porque no es de mi simpatía.
  
No eche a nadie  de mi campo de visión porque  los ojos no perciban su existencia.  

Llena mis pupilas de perdón, para que, como las tuyas, estén siempre proyectando luz.

Con afecto y adoración. Bartolomé Menor.

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