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lunes, 27 de enero de 2014

CARTAS A JESUS DE NAZARET



Carta décima a Jesús de Nazaret  
Domingo III del tiempo Ordinario (26-1-2014)
Evangelio: Mateo 4, 12-23  


S
eñor: La prisión de Juan el Bautista, llegó envuelta en aires de tempestad. Herodías había ganado la primera batalla y no estaba dispuesta a ceder. Tú, que eres la Verdad, tarde o temprano –más bien temprano-, entrarías en el centro de atención de Herodías
.
Prudente, te retiraste a Galilea y elegiste como centro de actividad, Cafarnaún
.
¿Tu decisión fue miedo?  No. Es que no era tu hora.

Buscaste, como comienzo, un lugar de paz. Elegiste colaboradores. Seguro que podías solo; pero no quisiste: no era tu estilo.

Tu proyecto de construir el Reino de Dios tenía conformación de familia. Además de un Padre,  contaría con unos hermanos que se amasen por encima de simpatías y sangre, viviendo la responsabilidad compartida.    

Desde el principio fuiste claro. Lo tuyo era fundar, no un grupo de poder, ni una sociedad comercial, o de intereses terrenos.

Era el Reino de los Cielos, que había de comenzar por la conversión interior.

Conversión que exigía renuncias fuertes y radicales.  Es vivir para la causa de Dios, que es la causa de los pobres, bajando del pedestal al “Yo” que llevamos dentro.
¡Demasiado, quizás! Pero ese, Jesús, es tu proyecto. Sin local, comenzaste tu  escuela ambulante. Los dos primeros Discípulos que elegiste, eran dos hermanos ocupados en faena de pesca: Pedro y Andrés.  Los dos siguientes, también eran hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo. Reparaban las redes, junto a su padre, a punto de salir a pescar.

Es posible que me equivoque, Jesús, pero creo que tu oferta, no era mucho de su agrado. Pienso que ellos se sentían más a gusto entre barcas, redes y peces, que entre enfermos. Y mucho más lucrativo.

Pero aquí estaban los cuatro contigo.   Atrás quedó la familia. Contigo quedaron. Primero rodeándote y aprendiendo de ti; después, cogiendo tu relevo.

Con afecto y adoración. Bartolomé Menor.

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