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viernes, 16 de mayo de 2014

CARTAS A JESÚS DE NAZARET



Carta 26 a Jesús de Nazaret.             
Domingo v de Pascua  18 –mayo- 2014.
Evangelio Juan: 14, 1-12.
 

S

eñor: Necesitamos tus palabras de aliento. Yo las necesito. Nunca hemos recibido tantas noticias como ahora. Noticias de los cinco Continentes, y hasta de los pueblos más pequeños y apartados.  Muchas noticias. Pero Tú sabes, Jesús, que esas noticias, en su mayoría, vienen con  cargas  de  accidentes y calamidades. Dices: “Que no tiemble vuestro corazón”.
Pero nuestro corazón, no deja de temblar. Hoy, tenemos miedo, y el miedo, nos hace temblar.

Para muchos, el miedo es el precursor de hambre y muerte segura arrastradas por tantos conflictos violentos como se producen en los campos y en las calles
.
 Y otros miedos que se generan en el interior de las casas, con menos ruido, quizás,  pero con igual angustia: el paro, la enfermedad, la quiebra familiar….

“En la casa de mi Padre, hay muchas estancias”, dices.                                                          ¿En el Cielo? Sí, lo sabemos por la fe. Y sabemos que, un día subiremos hasta allí Pero, Jesús: Los hombres, no vivimos en el Cielo; vivimos en la Tierra. Nos parece excelente la promesa tuya. Y ¿entretanto?

Es fundamental que te adelantes, porque si Tú no nos preparas el sitio de nuestro descanso y felicidad definitiva y eterna, no hay quien lo consiga. Si ese lugar está donde el Padre, nunca llegaremos, si Tú no te haces nuestro camino.

Pienso y creo, que la casa de tu Padre, -y Padre nuestro-, tiene una antesala y la tenemos aquí, abajo. ¿No
viniste para construirla? Y, ¿no la dejaste ya empezada? La empezaste y dejaste comprometida una “cuadrilla de constructores” que la continuara en tu ausencia. .  No los dejaste solos.
 
  La antesala de la casa de tu Padre es el Reino de paz y justicia, Reino de amor y de gracia. Un Reino así, es un lugar seguro, apropiado para vivir sin miedo.
Tú, Jesús, no eres un camino, ni una verdad…sino el Camino, la Verdad y la Vida. No hay otros caminos, ni “trochas” para llegar.  Tú, aún siendo la Verdad, pusiste a Dios Padre por testigo, añadiendo que el mismo Padre decía lo mismo y lo ratificaba con sus obras.

Mi esperanza, Señor es que esta antesala se acabará de construir.

Entretanto,  me esforzaré en arrimar algún material.

Con afecto y adoración. Bartolomé Menor.

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