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miércoles, 13 de enero de 2010

MENSAJE CUARESMAL DEL OBISPO DE JAEN A COFRADÍAS Y HERMANDADES

Os dejamos para que lo podais utilizar como reflexión y también para incorporarlo a vuestros boletines, el mensaje de nuestro Obispo para la cuaresma.

MENSAJE CUARESMAL DEL SR. OBISPO DE JAÉN
PARA HERMANDADES Y COFRADÍAS

Jaén, 9 de enero de 2010

El próximo día 17 de febrero, Miércoles de Ceniza, iniciaremos los cristianos “el tiempo de gracia” que nos conducirá a la nueva Pascua. El símbolo de la ceniza, lejos de ser un gesto puramente exterior, significa la actitud penitente, de conversión del corazón del cristiano que termina con la “nueva luz” en nuestras manos en la Noche de Pascua.

La Cuaresma es camino de búsqueda, de cercanía a Dios; una peregrinación interior personal y como pueblo de Dios hacia un nuevo encuentro con su misericordia, por medio de su Hijo Jesucristo.

1. Camino nuevo y exigente

Necesitamos todos de este éxodo anual. Salir de nosotros mismos para liberar nuestro corazón, para colmarlo de nueva vida y esperanza desde la gracia redentora de Jesucristo. Él es quien capta nuestra realidad y carga con nuestras pobrezas y maldiciones, transformándonos con sus riquezas y bendiciones divinas (cf. Gál 3, 13-14).

Pensemos que la justicia divina es profundamente distinta a la humana. Dios paga por nosotros en su Hijo mediante la justicia insondable de la cruz. Por eso necesitamos una y otra vez, cuaresma tras cuaresma, año tras año, descubrir y aceptar nuestra indigencia, mirar al que atravesaron su costado en el Gólgota.

Comencemos, por ello, este tiempo santo aceptando, con humildad de corazón, que tenemos necesidad de la Redención de Cristo Jesús. Que el camino recto y eficaz será buscarle y escucharle. Dejar en su cruz lo “nuestro”, pobreza y pecado, para que nos llene de lo “suyo”, vida y resurrección (cf. Rom 13, 8-10).

En su Palabra y Sacramentos, especialmente en los de la Penitencia y la Eucaristía, le encontraremos siempre. Él está ya esperándote a ti y a mí. Camina por delante de nosotros con su amor para ofrecernos su salvación plena desde sus brazos totalmente abiertos en la cruz. Se abaja para lavar nuestros pies y nos ofrece el pan de la vida eterna.

2. Lograr un corazón nuevo

¿De qué sirve, se pregunta el profeta Joel, rasgarse las vestiduras, si el corazón sigue lejos del Señor, es decir, del bien y la justicia? (cf. Jo 2, 12-18). Lo que cuenta en realidad es volver a Dios, con un corazón sinceramente arrepentido para obtener su misericordia y, con un corazón “nuevo”, amar a los hermanos y entregarnos al cumplimiento de su voluntad, con esperanza e ilusión renovadas.

Un corazón nuevo, por la gracia redentora de Cristo, es la meta a la que nos dirigen las celebraciones pascuales. El camino que la Iglesia nos indica para ello es: ayuno, oración, limosna y penitencia. Éste es el itinerario que nos conduce a la luz siempre nueva de la Vigilia Pascual. Es el recorrido que hacemos juntos, también, para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, al ver nuestras “buenas obras” glorifiquen a Dios (cf. Mt 5, 16).

3. Una vida en caridad y justicia

Debemos comprender cada vez mejor, queridos hermanos y hermanas, cofrades, que la caridad no es una especie de actividad de asistencia social, sino que pertenece a la naturaleza y esencia misma de nuestra vocación cristiana, y así debemos manifestarlo y llevar a la práctica (cf. Benedicto XVI Deus caritas est, 25).

El cristiano, además, sobre este fundamento de la caridad, íntimamente unido a él, trabaja y construye la justicia. Con obras y no meros deseos impulsa la formación y el crecimiento de una nueva sociedad cada vez más justa, en donde todos puedan disponer y recibir lo necesario para vivir según su propia dignidad de personas. No olvidemos nunca, sin embargo, que lo primero que necesita el hombre es a Dios, como observa San Agustín (cf. De civitate Dei, XIX, 21).

Que tanto a nivel personal como de vocalía de caridad, sea este tiempo de expresión de amor hacia los hermanos necesitados y seamos constructores de una sociedad nueva en que reina la justicia.

4. En alegría y esperanza

Vivir la Cuaresma y Pascua desde el seguimiento y compañía de Cristo Jesús, aunque se nos hable de ascesis y mortificación, de renuncias y compromisos en realidad será encontrarnos con la alegría y esperanza que brotan del corazón, reflejo del amor divino.

Que sus Capellanes, Hermanos Mayores y Juntas directivas les ayuden a programar momentos que estimulen la conversión del corazón. Que a todos les llegue la invitación renovada de Jesucristo: “Quien quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga” (Mt 16, 24). Pero que también les llegue el mensaje de las primeras comunidades cristianas: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hch 20, 35).

Aprovechen, asimismo, las enseñanzas que les ofrecerán con abundancia en sus respectivas comunidades parroquiales, con el fin de encaminarnos todos juntos, como Iglesia diocesana, hacia la próxima Pascua, acompañados por nuestra Madre y Patrona, la Santísima Virgen de la Cabeza, modelo de los discípulos de su Hijo Jesucristo.

Con mi saludo y bendición,

X RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ. OBISPO DE JAÉN

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