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jueves, 8 de julio de 2010

CARTA PASTORAL DEL SR. OBISPO DE JAÉN VACACIONES PARA CRECER Y AMAR

1 de julio de 2010

Muy queridos fieles diocesanos:

1. Dios quiere nuestro descanso

El libro del Eclesiastés, del Antiguo Testamento, en hebreo Cohélet, trata so­bre cuestiones de importancia siempre válidas para todos los tiempos. Desde una acti­tud serena da respuesta a los interrogantes que suele hacerse toda persona a lo largo de su vida, aunque, en definitiva, sólo se esclarecen desde el misterio del Verbo Encarna­do, Jesucristo (cf. Vaticano II, Gaudium et spes, 22).

Podemos leer en este libro sagrado, por ejemplo, que "todo tiene su tiempo y su momento, todas las tareas bajo el cielo: tiempo de nacer, tiempo de morir... tiempo de llo­rar, tiempo de reír... tiempo de callar, tiempo de hablar..." (Ecl 3, 1-9) y, podríamos aña­dir: tiempo de trabajar y tiempo de descansar.

Al tiempo de trabajo sigue el descanso (cf. Gén 2, 2). "Todos los que trabajan -leemos en el Vaticano II- después de haber aplicado su tiempo y sus energías al trabajo, tienen derecho a un tiempo de reposo y de descanso que les permita una vida familiar, cul­tural, social y religiosa." (GS 67).

Así no lo recuerda también el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2184).

2.Vacaciones, ¿para qué?

Lo que decimos del descanso se puede decir también, por extensión, de las va­caciones. El descanso humanizado permite renovarnos y hasta nos ayuda a crecer co­mo personas y como cristianos.

Crece el amor de las familias que atienden a sus seres queridos, enfermos y an­cianos. Dice un refrán que "una madre es para cien hijo y cien hijos son para una ma­dre". Conviene preguntarles con cariño, si aún son capaces de respuesta, qué piensan, qué quieren, qué necesitan. El respeto se traduce en atención y la atención en amor. Necesitan cariño y son para el cristiano los primeros. Son, a su lado, las mejores vaca­ciones.

Crece el amor de los esposos en el diálogo sereno, en los paseos y diálogo re­posado. Crece la comprensión, más difícil seguramente en otros momentos. Inter­cambiar ideas, romper rutinas, orar juntos sin prisa... Siempre pueden intentar algo nuevo a cualquier edad; siempre queda lugar para la esperanza desde la empatía y la ayuda de Dios.

Crece el amor de los niños y jóvenes en unos días de descanso con sus padres y familiares, disfrutando juntos del tiempo libre y dedicándoles el tiempo que no es tan fácil hacerlo durante el resto del año. Se abren a los demás y descubren mundos nuevos desde la oferta amplísima de vacaciones escolares, experiencias misioneras, movimientos juveniles...

Leer, hacer deporte, pasear, el rico contacto con la naturaleza, el encuentro con antiguas amistades, regresar a nuestras raíces, encuentros culturales, oración en monasterios y otros centros... todo puede contribuir a enriquecernos. Nos hace cre­cer.

3. Un día "nuestro" para quienes no puedan

Lo sabemos. No todos pueden gozar de unos días de vacación. No son pocos los que se ven obligados a renunciar a ellas por encontrarse solos, enfermos, ancianos, quienes han de ocuparse de familiares, quienes se lo impiden sus obligaciones, y, otros, porque la crisis económica, el paro, otras causas se lo impiden. Los meses de verano serán como resto del año, o peores aún. Observarán quiénes llegan, quiénes se van, quiénes retornan. Ellos se quedan.

Los pobres y necesitados no necesitan de paternalismos, ni de compasión. Sólo necesitan amor.

Decía Teresa de Calcuta: "No presto atención a las estadísticas, lo que importa son las personas. Yo me fijo en una sola a la vez. Sólo hay uno: Jesús."

Al preparar nuestro equipaje, quedará sitio para donar, desde Cáritas, un día de vacación para quien lo necesite. Diría Teresa de Calcuta: Jesús también descansa, "al menos un día".

Felices vacaciones.

Con mi saludo agradecido,

+ RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ

OBISPO DE JAÉN

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